miércoles, 5 de enero de 2011
Revolviendo trastos antiguos (otra vez)
Se paró, la miró de nuevo. De arriba abajo era perfecta, su cuerpo tan amado y tan familiar no perdió nunca la capacidad de admirarle cada vez que asomaba bajo las ropas, entre las sabanas, bajo la ducha, en la batalla. Recordó, vagamente, y sin pretenderlo, esas noches sin tregua, esas guerras repletas de batallas. Recordó, sin querer, como suele ocurrir, cuantas veces había sentido la calma con su cuerpo como colchón y sabana, cuando su mundo acababa en los confines de un somier, y por toda atmosfera tenía su edredón. No quiso, pero recordó. Al coger aire para respirar se dio cuenta de que de todo eso hacia eones, y quizás ni siquiera eran ellos, quizás fueron otros, no podía haberse tratado de ellos, de él, que escondía sus ilusiones para que ella no las encontrara, de ella, que jamás se hubiera agachado a recogerlas.
Entre todo el humo que salía de su cabeza reapareció su imagen clara para abrirse paso entre sus ensoñaciones, cogió su mano, y él supo que era su modo de suplicarle que se quedara, en el fondo, ella, que nunca había entendido nada, sabía lo que estaba ocurriendo, él ya no estaba allí, pero no había tenido el valor de decírselo, simplemente no estaba en aquel vagón con ella, y ella no lo sabía, quizás había empezado a intuirlo, pero no lo sabía. Que cruel puede ser la cobardía de un hombre –pensó. Entonces ella murmuró algo, quizás gritó, él no podía saberlo, hacia días que no estaba allí. Su voz le llegaba como en olas, cálidas y acompasadas olas que le mecían en la tranquilidad del que se duerme delante del mar. Su voz, su voz. Tan familiar y tan ajena, como ella, como él mismo.
El tren llegó a su parada –recordó, solo quien escribe sabrá por qué, que un día pensó “que paren el mundo, que yo me bajo”- y se detuvo. Como el transcurso de los minutos, o su vida. Ella rompió a llorar, y, entonces, ocurrió. El castillo se derrumbó, los cochambrosos naipes cedieron a los recuerdos, a sus lágrimas que le ahogaban como si no supiera nadar sobre ellas. Ella lloró, como suele hacer, porque es frágil, es débil, y le necesita, porque es como un bebe en la selva, y su única posibilidad para salvarse es llorar, llorar y esperar que la protejan. Lloró, él lo sabía bien, conocía sus rincones, porque tenía miedo, y porque le amaba. Ella no sentía esa ansiedad que a él le corroía, ese miedo que le perseguía en sueños y le recordaba que cuando muriera tendría que conformarse con su colección de recuerdos. Y él los desempolvaría, los cuidaría, los admiraría, pero serían tan pocos, oh, dios, había vivido tan poco… lo tenía pensado, no eran recuerdos ambiciosos los que quería acicalar antes de morir. No. Eran recuerdos pequeñitos que le habrían hecho sentir que había exprimido cada prisma de realidad. Pero nada de eso importaba ya, porque ella estaba llorando. Y él tenía la culpa. Hubiera deseado no ser él, no ansiar aquellas cosas, y haber sido cuanto ella hubiera deseado, le hubiera regalado sus recuerdos para evitar que ambos se ahogaran en tristezas. “No te preocupes, mi vida, todo está bien. Volvamos a casa.”- le susurró.
Vagamundos...
Recogerte el pelo y las legañas.
Amar con profusión el absurdo de tus mañanas.
Asfixiar mis nimbostratos.
Renacerme la mortaja.
Quise volver pero me faltó la casa.
Expiar pecados con padrenuestros.
Tomar la bastilla despojada.
Hundirme y arañarme unas branquias.
Sofocar augurios autocumplidos.
Andar sobre las aguas.
Yo quise invocar el eterno retorno,
Pero solo pude dibujar palabras.
domingo, 26 de septiembre de 2010
reo de haberte creado...
No prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jamás.
reo de haberte creado,
ya no te puedo olvidar.
sábado, 25 de septiembre de 2010
Grandes clásicos de la literatura segunda parte
- Si varios hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del difunto no se casará con un extraño. El hermano del difunto se unirá con ella, y cumplirá con sus deberes de cuñado tomándola por esposa.
- El primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto, y así su nombre no se borrará de Israel.
- Pero si el cuñado se niega a tomarla por esposa, ella subirá a la puerta de la ciudad donde están los ancianos, y dirá: "Mi cuñado se niega a perpetuar en Israel el nombre de su hermano; y no está dispuesto a cumplir en mi favor sus deberes de cuñado".
- Entonces los ancianos de su ciudad llamarán a ese hombre y le pedirán una explicación. Si él persiste en su negativa, diciendo: "No quiero casarme con ella",
- su cuñada se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará la sandalia del pie, lo escupirá en la cara y le dirá: "Así se debe obrar con el hombre que no edifica la casa de su hermano".
- Y en adelante, se lo apodará en Israel: "Casa del descalzo".
12 "Di a los israelitas lo siguiente: Puede darse el caso de que una mujer sea infiel a su marido13 y tenga relaciones con otro hombre sin que su marido lo sepa, y que, aunque ella cometa este acto que la hace impura, no haya pruebas de ello y la cosa quede oculta por no haber sido ella sorprendida en el acto mismo. 14 En ese caso, puede ser que el marido se ponga celoso por causa de su mujer. Pero también puede darse el caso de que el marido se ponga celoso aun cuando su mujer sea inocente. 15 En ambos casos, el marido llevará a su mujer ante el sacerdote, y presentará como ofrenda por ella dos kilos de harina de cebada. Pero no derramará aceite ni incienso sobre la harina, pues es una ofrenda por causa de celos, una ofrenda para poner al descubierto un pecado.
16 "El sacerdote hará que la mujer se acerque, y la presentará al Señor. 17 Luego tomará un poco de agua sagrada en una vasija de barro y mezclará con ella un poco de polvo del suelo del santuario. 18 Hará así mismo que la mujer se coloque delante del Señor, le soltará el pelob]" style="line-height: 0.5em; ">[b] y le pondrá en las manos la ofrenda por causa de celos para poner al descubierto un pecado; él, por su parte, tomará en sus manos el agua amarga que trae maldición. 19 Entonces le tomará juramento a la mujer, y le dirá: 'Si no has tenido relaciones con otro hombre ni le has sido infiel a tu marido, ni has cometido con otro hombre un acto que te haga impura, que no te pase nada al beber esta agua amarga que trae maldición. 20 Pero si le has sido infiel a tu marido, si has tenido relaciones con otro hombre y has cometido así un acto que te hace impura, 21 que el Señor te convierta en ejemplo de maldición ante el pueblo, y haga que el vientre se te hinche y que tu criatura se malogre.22 Ese castigo te vendrá al beber esta agua que trae maldición.' Y la mujer responderá: 'Amén.'
23 "Entonces el sacerdote pondrá esta maldición por escrito y la borrará con el agua amarga. 24Después hará que la mujer beba esa agua, para que le provoque amargura dentro de sí, 25 y recibirá de manos de ella la ofrenda por causa de celos para presentarla ante el Señor; luego colocará la ofrenda sobre el altar, 26 y en seguida tomará un puñado de la ofrenda de cereales y lo quemará en el altar como ofrenda de recordación.
"Después que el sacerdote haya hecho beber a la mujer el agua amarga, 27 si ella ha sido infiel a su marido, esta agua que trae maldición provocará amargura dentro de ella, y hará que el vientre se le hinche y que la criatura se malogre, y la mujer se convertirá en ejemplo de maldición entre su pueblo. 28 Pero si la mujer es inocente, no le pasará nada y podrá tener hijos.
29 "Esta es la ley para los casos en que una mujer le sea infiel a su marido y él se ponga celoso, 30 o en los que simplemente se ponga celoso el marido por causa de su mujer. El marido deberá presentar a su mujer ante el Señor, y el sacerdote hará con ella lo que manda esta ley. 31 El marido no será considerado culpable, pero si la mujer es culpable, ella sufrirá su castigo."
Os juro que esto leído mejora mucho ;) Me voy a ahorrar las críticas serias, que sobran cuando hay tanta sorna en juego.